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El terremoto de Chile vivido por Gabriel Cestau
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Gabriel Cestau -ex alumno, 6ª promoción del Colegio- vive en Santiago de Chile desde 2007. En una crónica muy detallada, Gabriel cuenta lo que experimentó durante el terremoto del 27 de febrero, del que salieron ilesos él, su señora y su hijo

Gracias a Dios, mi familia y yo estamos todos muy bien y lo mismo todos los más cercanos. ¿Cuál podría ser una pequeña crónica del evento? Ojalá que mi experiencia personal sirva de ilustración.

El viernes por la noche todos en casa se fueron a dormir sobre las once y media. Yo decidí quedarme un rato más leyendo, pero me enganché con el libro y recién toqué mi cama a las 3.33 AM. Apenas unos ocho minutos después comenzó a temblar la casa, pero me quedé tranquilo porque eso sucede con relativa frecuencia en Santiago de Chile. Pero esta vez la intensidad iba creciendo. Pasados los primeros minutos se despierta
Vicky, mi señora, y más espabilada que yo sale corriendo a la habitación de Nacho, abre la ventana para que quede libre una vía de escape y los tres nos abrazamos al costado de la cama. Acto seguido nos ponemos bajo la protección de la Virgen y los
custodios. Llegamos a rezar unas tres Avemarías y el sacudón pasó.

No sé bien en qué momento se cortó la luz, si durante el terremoto o inmediatamente después del mismo. Pero gracias a Dios había luna casi llena y podíamos ver. Yo, que
estuve con los ojos abiertos durante todo el tiempo que duró el sismo (luego supimos que fue un minuto y medio), quedé impresionado por cómo se pueden llegar a mover las paredes. Los pilares de la casa, en vez de estar en forma vertical, se
sacudían de este a oeste, y bastante. Cuando terminó quedamos bastante asustados aunque, con la fortaleza típica de las mujeres, Vicky lo estaba menos que yo.

Entonces fuimos a buscar una linterna, velas y abrimos el resto de las ventanas de la casa. Con la luz de la linterna nos dimos cuenta de que una de las paredes de la habitación de Nacho estaba rajada en diagonal, pero el daño no parecía estructural
sino simplemente del relleno. Esto era bien importante porque algunos edificios colapsaron con las réplicas del terremoto principal.

Después de eso lo que hicimos fue prender la radio del celular, que era el único medio de información al que podíamos acceder porque no teníamos electricidad, ni Internet, ni teléfono. Ahí nos enteramos que el epicentro había sido unos 300 Km al sur. Yo entonces no lo sabía, pero la escala Richter es exponencial, lo que quiere decir que este terremoto de 8.8 fue seis veces más intenso que el de Haití que fue de 7.0. Sin embargo, Chile es un país que está mucho mejor preparado. Los edificios que colapsaron fueron relativamente pocos, si se tiene en cuenta la intensidad del movimiento.

Me impresionó mucho que la misma noche del sábado todas las carreteras del país ya tenían conectividad, lo que quiere decir que ya se podían transitar en toda su extensión, a pesar de que en algunos tramos el paso que normalmente podía tener tres
o cuatro carriles fuera de uno solo. La conectividad es muy importante para hacer llegar la ayuda a los sitios más afectados.

En Santiago no hubo pánico de la gente. Tuve que ir al supermercado el domingo a comprar algunas cosas para unos amigos y había mucha gente, pero todos estaban
relativamente tranquilos. La gente compraba un poco más de lo habitual, pero no estaba desesperada vaciando el supermercado. Eso sí, tuve que hacer tres horas de cola para pagar en la caja. Con el paso de los días la ciudad va retomando la normalidad y se van reponiendo los servicios básicos: agua, electricidad, telefonía fija y móvil.

Pero un poco más al sur, donde la destrucción fue mucho más importante, la restitución de los servicios es más lenta. Uno de los problemas es que, como no hay comunicaciones, es más difícil coordinar la ayuda, y por otra parte los supermercados no pueden abrir si no hay electricidad porque no funcionan las cajas. En las
noticias de estos días se ve que los saqueos son una realidad en Concepción y este fue un problema serio en los primeros días, pero parece que al fin está bajo control.

Sin embargo, también son días de muchísima solidaridad. Por ejemplo, tengo un amigo que estaba 'mochileando' con otro y ese día se encontraba en Concepción. Luego del sismo buscó alojarse en casa de un conocido, pero cuando llegó al edificio esta persona ya no vivía en el lugar. Sin conocerlos, la señora que los atendió los acogió a ambos en el living de su casa, a pesar de no tener agua ni luz y a pesar de que los alimentos escaseaban. ¡Una marivalla que se repite mucho en estos días!


Publicacion:03-03-10
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